22 de febrero de 2024
pexels-photo-15835896.jpeg

Photo by Magali Guimarães on <a href="https://www.pexels.com/photo/paisagem-rural-20-15835896/" rel="nofollow">Pexels.com</a>

A cuál ventana me acerco para cantarle;

nada le digo,

nada puedo decirle: solo le miro.

Como un testigo, conmigo

comparte lo que sucede

y parece,

como que a veces desaira

lo secudido.

Sombra tras sombra,

dormido fronda.

Detrás del verde se esconde

y entre el silencio

algún desgano le agita

la copa joven:

todo se ha muerto conmigo,

nada es conforme.

Sobre su mismo terreno,

los años ni le conmueven

en busca de nadie siempre,

solo conmigo en silencio,

sombra tras sombra,

su silencio y mi silencio,

dormido fronda.

Danza una danza llorosa

sujeto al viento;

y yo le cuento

las ramas,

los gorriones y las hojas;

él se desprende un instante

pero no puede

no puede emprender un viaje.

Fue un árbol de pueblo solo,

de callejuela vencida,

árbol cuando todavía

ser un árbol se podía.

Y no puedo preguntarle del tedio que lo retiene:

nada le digo,

nada puedo decirle, solo le miro.

Destino, sombra tras sombra,

nostalgia, dormido fronda.

De nuevo reverdecido

todo el verano

verá pasar el mañana

cual si no hubiera venido

como si hubiera llegado

tarde y en vano.

Qué costumbre estarse allí.

Estarse allí nada más.

Y no le hundo un cuchillo

sino mis ojos,

que yo misma me lo hundo

y como el viento traspaso

su canto roto,

sombra tras sombra,

como un testigo, conmigo,

dormido fronda.

Y vemos pasar la vida

sombra tras sombra,

su silencio y mi silencio,

danza llorosa.

Cuando ya el tiempo se vaya

y él con el tiempo,

yo lo dejaré conmigo

a ambas orillas del río,

solo y conmigo,

como un testigo

perdido.

A cuál ventana me acerco para cantarle;

nada le digo,

nada puedo decirle: solo le miro.