22 de febrero de 2024
The basic laws of human stupidity, de Carlo M. Cipolla

En este caso, hablamos de un libro que vi referenciado, acerca de las leyes básicas de la estupidez humana. Hace poco, me apareció en Youtube, como sugerencia, el vídeo ¿Sabes reconocer a un estúpido? La Teoría de la Estupidez de Bonhoeffer y las 5 Leyes de Cipolla del interesantísimo canal de Raquel de la Morena.

En dicho vídeo, Raquel nos habla sobre las ideas de Dietrich Bonhoeffer acerca de la estupidez humana. Dichas ideas, expuestas en el vídeo, se pueden encontrar en la carta que escribió éste, y que pueden encontrarse en este enlace.

En él, podemos encontrar, traducido al castellano lo siguiente:

Teoría de la Estupidez – Bonhoeffer Tomado de una carta circular que aborda diversos temas, escrita a tres amigos y colaboradores en la conspiración contra Hitler, en el décimo aniversario de la ascensión de Hitler al cancillerato de Alemania.

«La estupidez es un enemigo más peligroso del bien que la malicia. Uno puede protestar contra el mal; se puede exponer y, si es necesario, prevenir su uso de la fuerza. El mal siempre lleva consigo el germen de su propia subversión, ya que deja en los seres humanos al menos un sentido de inquietud. Contra la estupidez estamos indefensos. Ni las protestas ni el uso de la fuerza logran nada aquí; las razones caen en oídos sordos; los hechos que contradicen el prejuicio simplemente no deben ser creídos, en esos momentos la persona estúpida incluso se vuelve crítica, y cuando los hechos son irrefutables, simplemente se apartan como inconsecuentes, como incidentales. En todo esto, la persona estúpida, a diferencia de la maliciosa, está completamente satisfecha consigo misma y, al ser fácilmente irritada, se vuelve peligrosa al atacar. Por esa razón, se requiere mayor precaución que con alguien malicioso. Nunca más intentaremos persuadir a la persona estúpida con razones, porque es insensato y peligroso.

Si queremos saber cómo vencer a la estupidez, debemos tratar de entender su naturaleza. Esto es seguro, que en esencia no es un defecto intelectual sino humano. Hay seres humanos que tienen un intelecto notablemente ágil pero son estúpidos, y otros que son intelectualmente bastante lentos pero todo menos estúpidos. Descubrimos esto para nuestra sorpresa en situaciones particulares. La impresión que se obtiene no es tanto que la estupidez sea un defecto congénito, sino que, bajo ciertas circunstancias, las personas se vuelven estúpidas o permiten que esto les suceda. Notamos además que las personas que se han aislado de los demás o que viven en soledad manifiestan este defecto con menos frecuencia que individuos o grupos de personas inclinados o condenados a la sociabilidad. Y así parece que la estupidez es quizás menos un problema psicológico que sociológico. Es una forma particular del impacto de las circunstancias históricas en los seres humanos, un concomitante psicológico de ciertas condiciones externas. Al observar más de cerca, se hace evidente que cada fuerte oleada de poder en la esfera pública, ya sea de naturaleza política o religiosa, infecta a gran parte de la humanidad con estupidez. Incluso parecería que esto es prácticamente una ley sociológico-psicológica. El poder de uno necesita la estupidez del otro. El proceso en funcionamiento aquí no es que capacidades humanas particulares, como el intelecto, de repente se atrofien o fallen. En cambio, parece que bajo el abrumador impacto del poder creciente, los seres humanos son privados de su independencia interna y, más o menos conscientemente, renuncian a establecer una posición autónoma hacia las circunstancias emergentes. El hecho de que la persona estúpida sea a menudo terca no debe cegarnos al hecho de que no es independiente. En conversación con él, uno siente virtualmente que no está tratando en absoluto con una persona, sino con consignas, palabras clave y similares, que lo han poseído. Está bajo un hechizo, cegado, mal utilizado y abusado en su propio ser. Habiendo así llegado a ser una herramienta sin mente, la persona estúpida también será capaz de cualquier mal y al mismo tiempo incapaz de ver que es malo. Aquí es donde acecha el peligro del mal uso diabólico, ya que esto es lo que puede destruir de una vez por todas a los seres humanos.

Sin embargo, en este mismo punto queda bastante claro que solo un acto de liberación, no de instrucción, puede superar la estupidez. Aquí debemos llegar a un acuerdo con el hecho de que en la mayoría de los casos una verdadera liberación interna solo se hace posible cuando la liberación externa la ha precedido. Hasta entonces, debemos abandonar todos los intentos de convencer a la persona estúpida. Esta situación explica por qué, en tales circunstancias, nuestros intentos de saber lo que ‘el pueblo’ realmente piensa son en vano y por qué, en estas circunstancias, esta pregunta es tan irrelevante para la persona que está pensando y actuando responsablemente. La palabra de la Biblia que el temor de Dios es el principio de la sabiduría declara que la liberación interna de los seres humanos para vivir la vida responsable ante Dios es la única manera genuina de superar la estupidez.

Pero estos pensamientos sobre la estupidez también ofrecen consuelo en que nos prohíben considerar a la mayoría de las personas como estúpidas en todas las circunstancias. Realmente dependerá de si quienes tienen el poder esperan más de la estupidez de las personas que de su independencia interior y sabiduría.»

El tema es muy interesante. En el vídeo citado, se cita también al trabajo de Carlo M. Cipolla, acerca de las leyes básicas de la estupidez humana, objeto del libro comentado en esta entrada.

En dicho trabajo, Cipolla nos cita las 5 leyes básicas que definen la estupidez humana:

  • Ley primera: Siempre, e inevitablemente todo el mundo subestima el número de personas estúpidas en circulación.
  • Ley segunda: La probabilidad de que una cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona.
  • Ley tercera: Una persona estúpida es una persona que causa pérdidas a otra persona, o a un grupo de personas, mientras el no obtiene ningún beneficio, e incluso le ocasiona pérdidas.
  • Ley cuarta: La gente no estúpida siempre subestima el poder destructivo de las personas estúpidas. En particular, la gente no estúpida constantemente olvida que en cualquier ocasión o lugar, y bajo cualquier circunstancia, tratar y/o asociarse con gente estúpida se convierte en un error costoso.
  • Ley quinta: Una persona estúpida es el tipo más peligroso de persona. Una persona estúpida es incluso más peligrosa que un bandido.

Hay ejemplos suficientes en la historia, tanto antigua, como reciente, que nos recuerda a dichas leyes; prefiero no dar detalles concretos.

El tema es realmente muy interesante. La obra de Cipolla, muy reducida, es muy recomendable de leer. Los trabajos de Bonhoeffer son realmente muy interesantes también.

Podéis encontrar el libro aquí, y una versión traducida a castellano aquí.